sábado, 10 de abril de 2021

América Fantástica



 Por Adriana Calzada León

La desbordada imaginación del hombre ha creado a través de su historia un compendio de seres fantásticos que pueblan las leyendas y mitos de todas las culturas y todas las épocas La América imaginaria de los europeos antes de su descubrimiento no fue la excepción. Existen registros de seres espeluznantes mitad hombre y mitad bestia que sentaron las bases para legitimar el poderío de los conquistadores españoles sobre los nativos de tierras conquistadas. Las especies criollas del continente americano, compréndanse éstas animales y hombres, fueron catalogadas a partir de una visión eurocéntrica y egocéntrica sustentada en un sistema de valores inamovibles. Todo aquello que se alejaba de los modelos biológicos y culturales establecidos, era incomprendido, mal interpretado y por añadidura satanizado. 

EL MUNDO AL REVÉS

Criaturas bizarras y no menos aberrantes representaban los peligros del fin del mundo y el miedo a lo desconocido. La visión cuadrada que tenían los europeos de los habitantes de tierras no descubiertas era la misma que ahora tenemos con relación a los alienígenas de otros planetas o galaxias. El homo sylvestris es el mejor ejemplo del hombre americano que imaginaban los viajeros en busca de nuevas tierras. Lo concebían en su afiebrada imaginación como un hombre cubierto de pelo de pies a cabeza. Los más inverosímiles eran hombres con cabeza cuadrada y de color azul. Los esquemas de fantasía que los navegantes antiguos tenían del hombre americano era siempre una morfología diferente en extremo al hombre europeo. La mayoría de la fauna encontrada en el Nuevo Mundo fue explicada y mostrada al viejo continente como producto de la aberración de la naturaleza y vista como “el mundo al revés”. En resumen lo diferente era deforme. Los descubridores de nuevas tierras tenían qué exagerar sus descripciones de lo que habían encontrado para ganar méritos, esto sin dejar de lado sus tendencias ideológicas y su fascinación por lo fantástico. Cabe aclarar que los copistas pusieron también su granito de arena en el mosaico de  “monstruos” americanos, ya que cometían errores y pintaban a una animal o persona más grande de lo que era, exagerando su dimensión y morfología. Por equivocación, también pintaban un pie o mano donde no existía. Como podemos observar lo real, lo exagerado y erróneo se mezclaron para dar cabida a la iconografía fantástica del bestiario del continente recién descubierto...

El grabado en madera que sirvió para complementar el relato del tercer viaje de Américo Vespucio y que representa gráficamente a los aborígenes de América contiene una leyenda la cual describe a los nativos como seres de fábula:

“Tanto  los hombres como las mujeres andan desnudos poseen un cuerpo bien proporcionado y tienen una piel de color rojo. Tienen perforadas las mejillas, los labios, la nariz y las orejas, adornan esta incisiones con piedras preciosas, pedazos de vidrio, alabastro y mármol,  No existe entre ellos ningún tipo de propiedad privada, sino que todas las cosas perteneces a la comunidad, no tienen rey ni jefe, luchan entre ellos sin arte ni  reglas y se comen entre sí”. Estas son tan sólo algunas de las descripciones.

La concepción de nuevas y exóticas tierras habitadas por un bestiario extenso, ya había sido albergada por el pensamiento de los griegos nombrándolas extera-europae imaginándolas flotando en  medio de una nube negra cargada de incertidumbre en donde el mito y la realidad se confundían. Fueron Herodoto, Plinio el viejo, Cayo y Julio Solin quienes alimentaron, a través de sus escritos Phisyologus, la creencia en seres extraños con características animales y humanas. Los relatos sobre bestias inconcebibles fueron difundidos por la conseja popular extendiéndose por varios países de Europa hasta muy avanzada la Edad Media.  

Tritónes, centauros, sátiros, sirenas, quimeras, faunos, el ave fénix, unicornios, dragones, calamares gigantes, serpientes marinas descomunales, acéfalos (hombres sin cabeza, con ojos y boca en el tórax) entre otros esperpentos de la naturaleza y seres míticos de distintas culturas fueron quienes sentaron las bases para la creación de monstruos que con el descubrimiento de América se fueron sumando al imaginario de la Europa Medieval.

IMAGO MUNDI

En la Edad Media la idea que tenían los europeos de la geografía del mundo era como la que tiene un ciego de su entorno más inmediato. 

Los cartógrafos de ese entonces se basaban en las referencias antiguas que los poetas y logógrafos griegos hicieron del mundo para crear una cosmografía distorsionada y alejada completamente de la realidad. Para colmo los geógrafos cristianos trazaron sus mapas basados en las sagradas escrituras con la finalidad de crear una nueva cartografía con la que ya se tenía de los viajeros reales e imaginarios, fue así como surge la “geografía maravillosa” o “Imago Mundi”. Bajo estos parámetros los cartógrafos cristianos intentaron ubicar geográficamente el paraíso y la zona donde habita el anticristo. Dicho mundo imaginario predominó hasta el siglo XVII ya cuando la exploración extera-europae se había desarrollado más. Por otro lado, es importante destacar que Asia en el siglo XV fascinó a Occidente con su mundo imaginario respecto a Oriente que comprendía China y Japón y que en ese entonces se les había nombrado Cipango y Cathay. Más allá de estos parajes increíbles se creía que ahí moraban civilizaciones extraordinarias. En Asía se ubicaba al paraíso y al norte estaban los reinos de Gog y Magog donde se pensaba moraba el anticristo.

El Atlas Catalán correspondiente al año 1373 ejemplifica cómo estaba conformado el extremo oriente donde se creía se activaban los reinos Gog y Magog y el anticristo. Frente a las costas de Catayos se aprecian salvajes comiendo pescado crudo y bebiendo agua de mar y más hacia el sur gigantes, sirenas y riquezas de incalculable valor. Como podemos ver  lo fantástico, el mal y el apocalipsis predominaban en aquellas épocas.

HOMBRES CON COLA

Un grabado que muestra a humanos con cola es el mapa meridional de Ovalle en la Histórica Relación del reino de chile (1646) en el que se puede observar a un aborigen desnudo alargando su brazo izquierdo para lanzar una flecha. Se suponía era morador del sur de Chile. Esta creencia en los hombres con cola fue muy anterior al descubrimiento de América. Podría decirse que el caleidoscopio de seres fantásticos estaba tan enraizado en la mente de los navegantes y cartógrafos que animales u hombres eran fácilmente confundidos con dichas criaturas grotescas del imaginario medieval como le sucedió al mismo Cristóbal Colón quien confundió a unos manatíes con sirenas: vio tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara. En conclusión el genovés creyó haber visto lo que leyó en los textos de Plinio y  Marco Polo.

Otro monstruo de grotesca apariencia que forma parte del bestiario del Nuevo Mundo es el Cinocéfalo localizado en la provincia de Santa Cruz en Brasil, según la referencia que hace de él Alessandro Vechi mencionándola en la edición véneta de Botero en 1662. Su aspecto es como el del hombre, pero a diferencia de éste tiene la cabeza de perro y las patas de chivo, sus dedos son largos y anchos. De acuerdo a la descripción que complementa el grabado de Historia Natural de Plinio, el engendro aullaba y tenía como costumbre alimentarse de la carroña así como de la carne humana. Curiosamente, este monstruo al ubicársele en América se le achacaba la antropofagia. En el Diario de Colón también se menciona al Cinocéfalo, aunque hay que aclarar que en realidad este ser fantástico tiene sus orígenes en la Edad Media  

Animales propios de América y completamente desconocidos en el continente Europeo como la chinchilla y el perezoso fueron denominados como antropocéfalos y plasmados en grabados y descritas con cabezas y rostros de niños. Partiendo de lo anterior es evidente que en América el hombre americano y los animales se confundían fácilmente por los conquistadores. Sin duda los monstruos híbridos fueron producto de la hipertrofia imaginativa de los colonizadores dando cabida a seres dignos de la ciencia ficción como lo es también La Maravilla del Mar: un ser hermafrodita de grandes dimensiones, cuerpo de huevo, rostro de lobo de mar, manos de hombre y patas de gallináceo y que fue supuestamente atrapado en las playas de Brasil. Su imagen apareció en un volante en Alemania por el año 1565.

La Harpía es otro personaje criollo que se suma la iconografía de las bestias americanas y aunque fue tardía su aparición, el 6 de octubre de 1829, para ser exactos, se convirtió rápidamente en parte del imaginario popular de aquella época. Se le describe con rostro humano, doble cola, alas de vampiro, garras palmadas, cuernos y escamas, medía veintidós pies de largo. Fue capturado en el Lago de Fagna en el Perú. Se le atribuyó una verdadera carnicería en que perecieron decenas de animales y humanos. Su plato predilecto eran los cerdos y gracias a una trampa que se le puso poniéndole de carnaza a estos animales fue que se le atrapó para darle muerte. Los papagayos y los tucanes fueron aves que también despertaron la imaginación de los viajeros en tierras americanas siendo objeto de simbolismos.

LA ZARIGÜEYA, OTRO ESPERPENTO MAL INTERPRETADO.

El oposum, mejor conocido como zarigüeya, (especie de marsupial perteneciente a centro y Sudamérica) es otra criatura americana que causó asombro cuando fue trasladado a España por Vicente Yáñez Pinzón en 1499. Su extraña morfología inspiró un sin número de cartas geográficas del siglo XVI. Pinzón la describe así: Un monstruo extraño, la parte delantera parecida a una zorra, la posterior a un mono, los pies eran como los de un hombre, con orejas como las de una lechuza, bajo su vientre colgaba un gran saco en el cual acarreaba a sus crías. Varias son las historias que se refieren a serpientes de enorme tamaño que nutrieron los relatos de las selvas americanas. En la ilustración de Topsel se puede apreciar un grabado que muestra a este tipo de monstruo. 

La Llama también se convirtió por sus descubridores europeos en un ser amorfo y mal interpretado. Su alargado cuello, su lomo como el de un camello y un tamaño menor al de un caballo lo colocó como una criatura más en el bestiario fantástico americano, en pocas palabras un camello degenerado del nuevo mundo. Los tapices de indias que datan del siglo XVII muestran claramente un animal con garras en sus patas, una verdadera aberración que los prejuicios, la ignorancia y el rechazo a lo desconocido tenían los conquistadores de las especies endémicas de nuestro continente. El monje y obispo de mar representaban los peligros de las aguas. Al basilisco se le hizo responsable de la sífilis. A la mantícora se le adjudicaba si gusto por devorar carne humana. La creencia en el Orejón quien se creía habitaba con sus congéneres entre unas islas que rodean la península de Yucatán, está registrada incluso en las instrucciones que el capitán Diego Velázquez dio a Hernán Cortés con respecto de la Isla Fernandina el 23 de octubre de 1518, advirtiéndole de los peligros de sus habitantes  poseedores de enormes orejas. 

A San Agustín, Isidoro de Sevilla incluyendo a Borges se les atribuyen la catalogación del   bestiario.

En conclusión es el continente americano donde los monstruos medievales encontraron buen puerto. Todos los seres imaginarios conformaron en conjunto una visión fantástica del Nuevo Mundo y a quienes se le culpó de tanta barbarie.

Para finalizar podemos concluir que el bestiario es interminable, aún hoy en día seres como El Hombre Polilla, Pie Grande, el monstruo del lago Ness, los alienígenas grises, en México la Llorona, los nahuales, las brujas, los duendes y el mismo chupacabras no sean otra cosa que la prolongación de nuestra inquieta y desbordada imaginación.   

Bibliografía: América Imaginaria 

Autor: Miguel Rojas Mix

Editorial Lumen


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